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Actualizado el Lunes 04 de Setiembre de 2017


Secretos de Vida: ¿Por qué mentimos? ¿Qué es la mitomanía?


Para mentir, se necesita memoria para recordar lo dicho…

Mitomanía

Es la tendencia o inclinación patológica a fabular o transformar la realidad al explicar o narrar un hecho. Los mitómanos son personas que falsean la verdad para obtener atención y admiración, entrando en un círculo cerrado, quedando solas con sus mentiras. Deformar la realidad para contar una historia personal más llamativa. Al principio, esas narraciones logran su efecto cautivando a quienes lo escuchan, obteniendo atención y admiración pero, en su interior tienen miedo a ser descubiertos. Hay mentiras cotidianas que surgen en forma espontánea que, si no son repetitivas, caen en el vacío de la nada. Pero existe una línea muy fina con la mentira adictiva ya que ésta se adquiere por la repetición y constancia a mentir tornándose adictos a ella.

 

Cuando el mitómano busca provocar admiración en el otro no tiene mayores consecuencias; pero si sobre esa base se fundamenta una relación entre amigos, compañeros, familiares, en el área laboral y social, comienza la desconfianza y deseos de alejarse del mentiroso, porque se rompió la confianza que debe regir en toda relación. Es más relevante cuando hay una relación de pareja que se quiebran por la mutua desconfianza, que nace de las repetitivas mentiras. El mitómano abre la cadena del chisme, comentarios, calumnias, porque va maximizando en cada eslabón el hecho ficticio o real que desea transmitir. El mitómano no nace así, crece y vive así porque tiene esa adicción ya formada en la personalidad y seguirá mintiendo, ya que esa es su esencia. Mentir, para ellos, es normal, sin advertir que para mentir se necesita memoria y audacia.

Entre la pareja hay un punto detonante que es la mentira, ya que el otro/otra pierde el sentido de la confianza, rompiendo los vínculos establecidos, donde aparecen las preguntas sin respuestas: “¿si me mintió una vez, lo volverá a hacer?”. “Cada mentira yo la descubro y pide perdón ¿Le creo?...” Ante estos engaños contundentes y reales, se abre la incógnita entre dos antónimos:

Confianza y desconfianza

En este inmenso mundo tan convulsionado por las trasgresiones de los seres humanos, las personas caminan sin rumbo con emociones desencontradas, propias y ajenas, como la ira, violencia, agresiones, desilusión, que trae aparejada la angustia, ansiedad, fobia, terminando en el temido estrés, con las consecuencias psicológicas conocidas. En estas circunstancias aparecen dos antónimos: Confianza y Desconfianza, y las íntimas preguntas “¿En quién confío? ¿De quién debo desconfiar?

Confianza

Significa un imán protector, un pegamento emocional, porque si no hay confianza, no se avanza en la vida, quedando aislados por la desconfianza. Es la que arma todos los circuitos por donde transitamos: la familia, pareja, el ámbito social, laboral, educativo, amistad, el entorno en general, que no se encuentra la paz interior si se carece de ella. La confianza tarda quizás años en construirse y minutos en derribarse, cuando está presente la mentira, traición, engaño, deslealtad, infidelidad… Todas estas emociones unidas hacen que la persona cambie el concepto moral de alguien en quien confió y se sintió defraudada repentinamente.

Desconfianza

Cuando la persona pierde la confianza, obviamente, se vuelve desconfiada. Piensa que si la hicieron una vez, el hecho puede ser repetitivo y sospecha de todo y de todos. Analiza que en la azotea (parte oculta del Yo) de todo ser humano se esconde algo para lastimar, engañar o sacar provecho del otro. Está atento a cualquier hecho, palabra o gesto, esperando la mentira, descubrir lo que quizás su imaginación fue creando en el día a día.

Nos encontramos con la otra cara de la moneda, la gente crédula, que entabla una relación, ya sea interpersonal, de trabajo, amistad o pareja y cree hasta lo increíble, confía sin ver ni oír, se da sin saber a quién, cómo o por qué.

Ambos tipos de personas salen dañadas, unas por desconfiadas y otras por demasiado confiadas. En el trayecto de vida se debe comenzar por uno mismo, enfrentar al mundo con la seguridad de la autoconfianza, que nos dará el potencial adecuado de conocer en qué momento, dónde y a quién se debe colocar el límite adecuado. Aprender a distinguir y separar las personas dignas y sinceras de las tóxicas del entorno.

Para que la gente confíe en uno hay que poseer tres actitudes relevantes:

1-      Carácter: significa transparencia, claridad, actuar sin dobles intensiones, mostrarse tal como se es e ir con la verdad en cada acto que se actúe, moverse con esa verdad porque es el punto detonante para que el entorno confíe en uno.

2-      Capacidad: para generar confianza se necesita poseer el ímpetu de superarse en todos los ámbitos mejorando la calidad de vida, no quedarse en el vacío de la nada, sin proyectos, sueños y objetivos.

3-      Empatía: hay una frase célebre de Henry Ford, “La empatía reside en la capacidad para apreciar el punto de vista del prójimo y ver las cosas desde ese lugar como propio”. En psicología se dice: “Ponerse en los zapatos del otro”… Es la capacidad de sentir y comprender las emociones y estados anímicos ajenos como propios para lograr identificarse con sus semejantes en un proceso de identificación que posee un valor incalculable para lograr esa unión o empatía necesaria en nuestra sociedad. Las personas necesitan tener confianza en quien las puede guiar y ayudar en los problemas cotidianos de la vida. Si estamos fuertes en el Yo interior y unidos al hilo conceptual interiormente, tendremos la capacidad de ver, conocer, clasificar, identificar en quién podemos confiar y en quién debemos desconfiar.

La mentira en la pareja

¿Se pueden olvidar las mentiras repetitivas y volver a confiar?... Cuando un cristal se rompe, se puede pegar, arreglar, pero en cualquier movimiento brusco vuelve a quebrarse lo que se pensó que ya estaba arreglado. La mentira produce en la pareja la aparición de la desconfianza, los celos obsesivos y la gastada inter conversación que comienza con un perdón y termina en la incredulidad de ese perdón. William Shakespeare, en una de sus frases célebres opinó: “Las heridas se curan, las cicatrices quedan”. Esas cicatrices que quedan dentro de cada persona da el pie inicial para la desconfianza porque nació de las mentiras recurrentes de los integrantes de la misma.

Para Pensar… Analizar… Reflexionar…

  • Seamos sinceros, no demos vuelta situaciones, manejemos nuestra vida con la profundidad de la verdad.
  • Frase común: “La mentira tiene patas cortas”… ¿Por qué no actuamos con patas largas, caminando firmes, mirando de frente y aunque duela una verdad, decirla, aclararla, sin tapujos con la satisfacción de decir la verdad, olvidando la mentira?
  • Hay mentiras que se pierden en la nada y otras que destruyen dejándote en la nada…

Mercedes Davire de Llaver

Selección de imágenes Carlos Fuertes


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