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Actualizado el Jueves 13 de Setiembre de 2018


Músico y Periodista Rescata a una Maestra de la Primaria


Lo que podía ser un problema, la maestra lo convirtió, con el amor que produce trabajar en lo que a uno le gusta, en una ventaja en la profesión de Marcelo Fortunato que luego de 42 años recuerda en el día del maestro.

Año 1976. Yo estaba en primer grado de la Escuela Tomás Prisco. Escribía con las dos manos; más con la derecha que con la izquierda. Pero en el fondo sentía que algo estaba mal. Tenía (y tengo) muy mala letra. La señorita Silvia se acerca a mi banco y, aunque siempre hablaba fuerte y se imponía con su temperamento, me dijo casi al oído… “escribí con la mano que quieras, eso no importa”. Con el tiempo supe que tenía problemas de lateralidad. Esto me vino muy bien con mi profesión. Aquí empieza mi agradecimiento.

En aquél entonces, la maestra realmente era la “segunda mamá”. Hoy no se entiende ese concepto y no porque las docentes de hoy no tengan la misma vocación. Nos conocían al dedillo; a nosotros y a nuestro entorno. Esa vocación me fue contagiada y espero que sobreviva siempre.

Hoy, pasaron más de cuarenta años y mi maestra de primer grado me sigue llamando “Marcelito” y yo a ella, “Seño”.

Acabo de leer algo en las redes y me acordé de vos, señorita Silvia Casagrande: “Si alguien puede leer esto que escribo es gracias a los maestros”.

Seguramente, hoy todos nos acordemos de nuestras señoritas. Llámenlas, escríbanle algún mensajito, recuerden esos mágicos momentos de guardapolvo blanco, de bancos marrones y pizarrón negro.    

Fuente: San Martín Informa por Marcelo Fortunato


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